AGRICULTURA-URUGUAY: La muerte al acecho [Ver Más]
Mi concepción de que Uruguay es un país agrointeligente es un cambio cultural, disparó José Mujica, y por si hacía falta más, agregó: No es un proyecto para el gobierno que viene, es decirle al país vamos para otro rumbo. Es una estrategia de país. Una estrategia que está en la naturaleza de las cosas. La idea de que Uruguay es esencialmente agroindustrial es novedosa, aunque parezca increíble en un país donde los grandes relatos (desde Zorrilla de San Martín hasta Borges, pasando por toda su música popular) están impregnados de olores de yuyos y de alfalfa. Una corriente de jóvenes emprendedores provenientes del campo argentino, que en los 90 desató una fenomenal revolución tecnológica, descubrió que Uruguay era una oportunidad. Había ya varios productores uruguayos de punta que habían descubierto los beneficios de la siembra directa, que permitía hacer agricultura con facilidad en campos que por entonces se destinaban a la ganadería extensiva. El caso emblemático es el de Marcos Guigou, quien junto a su padre creció hasta sembrar 4.000 hectáreas en el 2003, en los alrededores de Dolores, una ciudad muy cercana a Fray Bentos, y al puerto de Nueva Palmira, una vieja promesa de polo industrial. Marcos conoció a Gustavo Grobocopatel, uno de los actores emblemáticos de la Segunda Revolución de las Pampas. Se asociaron y hoy cultivan 100.000 hectáreas. Pero no están solos. Hoy tienen que competir por conseguir tierra para sembrar con las más poderosas organizaciones agrícolas del mundo, todas ellas con origen en la Argentina. Es que también cruzaron el charco Cresud, MSU, El Tejar, Adecoagro y un sinnúmero de empresas que descubrieron el potencial agrícola Oriental. Todas se inclinan por alquilar superficie, pero a la luz de los resultados y de las condiciones que se perfilan, también están comprando tierra. La renta crece en función de la nueva tecnología. La que conocen los argentinos, aunque todos tuvieron que pagar un costoso derecho de piso. Al fin y al cabo, ni los suelos ni la gente son iguales. Pero aunque los rindes sean inferiores, compensa la falta de retenciones. En el 2003, Uruguay importaba trigo. Ahora cosechó 1,750.000 toneladas, que le dejan un saldo exportable casi igual al de Argentina (1,5 millones de toneladas), por un valor de US 250 millones. En soja tendrán un récord de 2 millones de toneladas, lo que significa más de US 700 millones. Sumando el arroz (que venía de antes) y la malta, superarán los 2.000 millones de dólares en productos agrícolas. El boom anida en la agricultura y en la industria forestal. Pero hay una fuerte apuesta a la ganadería de carne y a la lechería. Los principales grupos brasileños, que lideran el mercado mundial de carne vacuna, garantizan la expansión. Y allí están los neozelandeses, que vinieron para producir leche. Todos ellos creen que Mujica es sincero en su concepción del Uruguay Agrointeligente. Un horizonte para 25 años. Compro. Fuente: Clarín - Héctor Huergo - Buenos Aires - Argentina Cedido: adp – Agronegocios del Plata